Cuando fui a lavarme los dientes me di cuenta de que si tenía una cara horrenda, así que me resigné y preferí arreglarme un poco más. Al rato me subí al auto para que fueran a dejarme al preu. Tiraban bromas a cada rato y se reían bastante, yo sólo los miraba y trataba de concentrarme en el paisaje que pasaba frente a mis ojos. Cuando llegamos al preuniversitario me bajé rápidamente del auto, me despedí de mi madre y entré, hablé con la secretaria pidiéndole que me indicara donde estaba la sala en la que estaban tomando la prueba de diagnóstico de matemática. Entré y ya habían varios rindiendo el examen, me senté lo más alejada que pude del resto; saqué el lápiz mina y una goma, me trajeron un libro pequeño y una hoja de respuesta, me dieron las indicaciones y la secretaria se fue.
Comencé a ver los ejercicios... Eran 90 problemas matemáticos, ¡Oh!, mi cabeza dio vueltas, empecé a tratar de resolverlos, pero no recordaba absolutamente nada. Al cabo de un rato, cuando ya tenía recién 10 ejercicios resueltos y pasados a la hoja de respuesta en forma de alternativa, entró un chico, no más de 20 años, sus facciones era parecidas a las de Álvaro López (vocalista de Los Bunkers), se sentó adelante, en "la mesa del profesor". Los que habían llegado primero, obviamente entregaron sus pruebas primero y se las pasaban a él. Seguí haciendo lo mío mientras seguían llegando personas a hacer el exámen. Me dolía la cabeza horriblemente y cada vez que miraba al supervisor, el me devolvía una sonrisa... ¡Ahhh! no me podía concentrar en la maldita prueba, sentía que sus ojos penetraban en mi, y cada vez que miraba, él estaba mirándome. Quise terminar el examen luego, leía las preguntas y ejercicios, pero no entendía que de qué carajo se trataban, mi mente seguía sin recordar nada, me resigné y respondí a lo que más me parecía correcto, pero sin resolver ningún ejercicio, ni siquiera lo intenté, sabía que no podría hacerlo... Cuando terminé, luego de casi dos horas, me levanté y fui adelante para entregar mi prueba, el chico me miró y cuando me quitó el examen, su mano tocó la mía... Mi mente raramente pensó en el chico que me gusta. Saqué mi mano rápido y me despedí, pero me detuvo y me dijo que tenía que contestar un test de métodos de estudios antes de irme, le planté una mirada de odio, lo único quería era irme de ese lugar, pero no podía sin terminar todo lo que debía hacer, tomé la hoja y la respondí lo más rápido que pude. La entregué y esta vez tomo mi mano, como si tratara de alejar un insecto, y caminé hacia la salida.
Ya cuando estaba afuera saqué un cigarro y comencé a fumarlo para despejar mi mente, y fui camino a la casa de mi abuela, donde al llegar, me recosté y entré en un profundo sueño tratando de no pensar en nada más.
Mañana tengo el examen de lenguaje, veremos como me va, espero que bien, no quiero ir a dar la lata de nuevo, ni menos ver al chico de rasgos atractivos. Ahora dormiré, para mañana levantarme temprano nuevamente.

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